No hace muchos meses que entre unos pocos comenzamos a darle vueltas a la idea de sacar una Cruz de Mayo de la Parroquia como actividad complementaria para catequesis y para que todos los niños del barrio pudieran participar.

El proyecto era complejo y partíamos de cero: no teníamos ni paso. Solo mucha ilusión y muchas ganas. Parecía muy lejano, muy etéreo. Parecía uno de esos proyectos de los que siempre hablaríamos pero se quedarían en el tintero.

Pero gracias a Dios, hoy miramos atrás y aún nos parece tener en la retina la imagen de una multitud de niños formando los distintos tramos (¡nada menos que tres!) en la puerta principal de la parroquia.

Jamás hubiéramos soñado que el pequeño paso que nos ofrecieron por casualidad una tarde de paseo, se convirtiera en nuestro maravilloso paso. Porque ya es nuestro, tantas horas de trabajo han hecho que lo miremos de una manera especial, como el Principito con su zorro. Y espero que aquellos casi ochenta niños que lo acompañaron el viernes y los doce chavales y los dos capataces que tantas horas le han dedicado también lo miren así.

El tiempo de Pascua es un tiempo de alegría. Es tiempo de descubrir y celebrar que Jesús se ha quedado con nosotros. En la Eucaristía, en las personas que nos rodean, en su Palabra. El viernes la alegría por Cristo Resucitado paseó por las calles de los Remedios. En una Cruz de Guía abriendo el cortejo, en la multitud que se acercaba a ver qué pasaba, en las caritas de ilusión de los acólitos, en las órdenes que con cariño daban Jesús y Curro a sus costaleros, en los padres que revivieron un tiempo en los que ellos eran quienes sacaban las cruces de mayo.

El proyecto se hizo realidad. Con ilusión, gente comprometida y la ayuda de Dios, todo se hace posible.