El pasado 31 de mayo la Parroquia volvió a abrir sus puertas y salir a la calle. El centro: una Cruz montada en un pequeño paso llevado por ocho costaleros (cuatro por cuadrilla), que habían estado ensayando durante las últimas semanas. A esto se le sumaron alrededor de cincuenta niños que quisieron acompañar a la Cruz con cirios o varitas.

Una vez entró la Cruz, se pudo disfrutar una vez más de una verbena en el patio que fue lugar de convivencia de todo el barrio.