EL PROCESO DE REDENCIÓN EN LA MEDITACIÓN

Cuando iniciamos los ejercicios contemplativos, nos acontecen en el primer momento las preocupaciones y pensamientos de la vida cotidiana. Al cabo de dos días de intensa quietud, solemos lograr calmar el desasosiego inicial. Es así como nos acercamos más a nosotros mismos y, por consiguiente, a nuestros aspectos sombríos. Aunque por un lado deseemos encontrar el camino hacia el interior, por otro no queremos acercarnos demasiado a nosotros mismos para que no surjan nuestros lados sombríos.

Nuevamente vale aquí la indicación de no averiguar su origen ni rechazar las sensaciones desagradables. Todo lo que está, está bien que esté. Los aspectos sombríos anuncian su presencia para ser redimidos.

Contemplar equivale a vendar heridas. Si podemos dejar que esté allí lo que se manifiesta, ya no es preciso que sigamos ocupándonos de ello. Podemos volver a nuestra  meditación. Es así como nuestro dolor es sanado. La fuerza del espíritu disipará las tinieblas si permanecemos fielmente en el presente.

Espero que ahora se comprenda por qué, permaneciendo en el desierto, quiso Jesucristo llamarnos la atención sobre nuestro encuentro con las tinieblas. Los periodos sombríos en la meditación son necesarios para la redención.

Preguntas para la reflexión

  1. ¿Crees haber vivido algo del proceso redentor en la meditación?

Carolina.