PONGO ANTE TI VIDA Y MUERTE, ESCOGE LA VIDA PARA TI Y TU DESCENDENCIA. (Dt 30, 15-20)

Él, al que nunca nadie ha visto, cuya imagen visible es Jesús el Cristo, el Ungido por el Espíritu de Amor, establece con el ser humano una alianza para el bien, irrevocable por su parte. Es del ser humano de quien depende gozar de las bendiciones de esta alianza.

Para ello es necesario escuchar la palabra del Señor. El mandamiento que prescribe “no es superior a tus fuerzas, ni está fuera de tu alcance. No está en el cielo, como para decir: ‘¿Quién subirá por nosotros al cielo y nos lo traerá, para que lo oigamos y lo pongamos en práctica?’ Ni está al otro lado del mar, como para decir: ’¿Quién irá por nosotros al otro lado del mar y nos lo traerá para que lo oigamos y lo pongamos en práctica?’ Sino que la palabra está bien cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la pongas en práctica” (Dt 30, 11-14).

Es una luz que está en el hondón del alma. San Juan de la Cruz habla de una “pura y sencilla luz” en el alma, y es cuestión de transformarse en ella, librándose de lo que la vela y sume en angustia, para ser feliz. Es una luz que “nunca falta en el alma, pero por las formas y velos (…) con que el alma está velada y embarazada, no se le infunde” (Subida II, 15.4).

Son los falsos dioses, de los que habla el Deuteronomio, las formas superficiales de conocimiento y las pasiones puestas por encima del amor a Yahvé. Recomienda “estarse con advertencia amorosa en Dios, con sosiego de entendimiento, cuando no puede meditar, aunque parezca que no hace nada”.

Esta luz, por muy velada que llegue a estar en algún momento, no desaparece nunca, pues entonces la persona no podría ni existir. “En el alma está morando esta divina luz del ser de Dios por naturaleza” (Subida II, 5.6). Por lo tanto, por muy desorientada que ande una persona, siempre le será posible volver a empezar.

“Entrad por la entrada estrecha y el camino angosto que lleva a la vida”, exhorta Jesucristo, “pocos son los que lo encuentran”. Atrae la entrada ancha y espaciosa, light, fácil, agradable, poco exigente, pero “lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella” (Mt 7, 13-14). La entrada estrecha, el camino angosto lleva a la Vida, a ser fiel a la Palabra en el fondo del corazón. De allí surgen amor, veracidad y olvido de sí: Vida de verdad que hace vivir a los demás.