La orientación del hombre hacia Dios en las Escrituras.

Esta actitud de orientarse hacia Dios es el mensaje esencial del Antiguo y Nuevo Testamento. No es posible citar la gran cantidad de referencias que hay en este sentido, puesto que casi todo en la Escritura alude a ello. Se nos insiste una y otra vez en que pongamos a Dios en primer lugar. Se nos invita a abstenernos de adorar a otros dioses y se nos anuncia que no es posible hallar la felicidad fuera de Él. Únicamente centrándonos con perseverancia en Dios, nos será dada la paz duradera. El primer mandamiento habla precisamente de esta orientación hacia Dios.

 En el evangelio de San Juan leemos una y otra vez cómo Jesús estaba unido con su Padre. Vivía por entero en Él. Lo tenía permanentemente presente. Sólo habla de lo que oye del Padre, sólo obra para complacerle. Con su vida, nos demuestra cómo es esta unión con el Padre y nos enseña cómo imitarlo.

      Los sinópticos suelen llamar fe a la actitud de centrarse en Dios. Hay ejemplos de esta orientación decidida hacia Él en San José, por ejemplo, que se deja llevar con toda sencillez por Dios; en la Virgen María, que se siente esclava del Señor y que da su consentimiento a la encarnación; en la otra María sentada al pie del Maestro y absorta totalmente en Él; en Zaqueo, que expresa su fe con generosidad; en el ciego de Jericó, que implora insistentemente a partir de su fe; en el centurión de Cafarnaúm, que no necesita prueba para confiar; en Mateo, que prestamente se levanta del banco de los tributos públicos; en uno de los ladrones crucificados junto a Jesús y, en fin, en tantos otros. Además, en la transfiguración de Jesús como voz del Padre que nos exhorta repetida y precisamente a centrarnos en su Hijo.

    En su teología y en sus recomendaciones éticas a las comunidades, se nos revela de igual modo la orientación personal de San Pablo hacia Dios. Lo funda absolutamente todo en el Señor. Cuando habla de que no debe haber disputas entre los miembros de las comunidades, lo fundamenta diciendo que son miembros de Cristo. Al exhortarnos a cumplir el sexto mandamiento, argumenta que su cuerpo es templo del Espíritu Santo. San Pablo vivió enteramente desde esta mirada interior puesta en Cristo.

La actitud de centrarse en Dios es común a todos los santos. San Ignacio de Loyola escribió sus Ejercicios espirituales para enseñar a centrase en Dios. Podríamos hablar de cómo todos los santos estaban centrados en Dios.

Preguntas para la reflexión:

  • ¿A qué otros dioses adoras además de a Jesucristo? ¿El bienestar, el prestigio…?

  • ¿Quién es para ti ejemplo de una orientación total hacia Dios?

 Carolina.