Indicaciones para la meditación

Así como has dicho el nombre de María, pasa ahora al nombre de Jesucristo. Permanecerás en él hasta concluir los ejercicios. Si deseas seguir practicando este tipo de meditación una vez finalizados los ejercicios, te recomiendo hacerlo siempre con el nombre de Jesucristo. Di cada vez que espires, “Jesús“ hacia el interior de las manos, como dejándolo resonar, y cada vez que inspires, di “Cristo”. Cuando el movimiento del aire que respiramos ocupa aun el primer plano de la atención, suele pensarse que sería más natural decir “Jesús” al inspirar. Pero pronto reconocerás la espiración como el primer periodo. No adornes este nombre con representaciones, imágenes o recuerdos de ningún tipo. Mantente en la mera repetición y dirígete con él a Jesucristo mismo. Verás que su nombre y su persona se transforman en una sola cosa. No deberá ser una llamada de auxilio o una petición.

Todo está fundado en El. Todo perdura en Él. También tú perduras en Él. Él se hace presente en ti. Él está presente en el fondo más recóndito de tu alma, en tu conciencia. Por eso basta con que prestes atención a lo que está presente para que le estés prestando atención a Él. El nombre de Jesucristo podrá despertar cierta devoción, pero ésta se purificará después sometiéndote a un periodo de aridez. En esos momentos oscuros, creerás seguramente que ya no queda nada de unión con Él. Pero mientras sigas prestando atención al instante presente, el contacto seguirá produciéndose aunque no lo sientas. Si, por el contrario, tienes sentimientos de superficialidad o rutina, entonces es que ya no estás en la percepción.

Carolina.