Celebramos hoy la memoria de san Ignacio, aquel santo cuya vida es novelesca, y cuya espiritualidad, especialmente sus Ejercicios Espirituales, han servido, y sirven, de inspiración y guía para millones de personas.

Ignacio es el santo del discernimiento[1], el santo las dos banderas[2], el santo de la imaginación[3]… no puedo ocultar mi profunda admiración y el afecto por este santo que tanto me ayuda en mi camino a la santidad.

Dentro de los Ejercicios uno de los recovecos que para mí resulta más sugerente es aquel en el cual nos plantea tres preguntas que intitulan esta sencilla reflexión.

La primera vez que las escuché me sorprendieron sobremanera, fundamentalmente me sorprendió repensar mi relación con Cristo como una historia con pasado, presente y futuro. Me resultó verdaderamente inspirador ver mi relación con Dios en perspectiva, y desde entonces a todas las personas a las que acompaño en mi actividad pastoral les sugiero que escriban su “biografía con Dios”, es una tarea de investigación seria en la propia vida, necesaria especialmente si queremos vivir como cristianos adultos, descubrir los vestigios de Dios en mi historia, porque Él no se manifiesta solo en la Historia, sino que se hace visible, se revela también en mi propio relato.

En segundo lugar, las tres preguntas me conectan con una de las catequesis más hermosas que he podido recibir. Alguien nos enseñaba a rezar y nos contaba que cada noche antes de dormir, rezaba por las personas que había conocido, por las personas que conocía, y por las personas que iba a conocer. Así, nos decía, lleva rezando por vosotros desde hace mucho. Entender la relación con Cristo desde estas coordenadas, imaginar a Jesús rezando así por mí, a lo largo de toda mi vida es la fuente de energía más poderosa de mi experiencia cristiana, Dios ha estado, está y estará presente en mi vida, sin dejarme de lado ni un sólo momento.

Y en tercer lugar, querría compartir con vosotros hoy, la respuesta más directa a estas tres preguntas. De primeras, por lo menos a mí me pasa, que me sale un “nada”, o un “poca cosa”, o simplemente no se me ocurre que voy a hacer en un futuro por Cristo, tal vez, porque, ahora mismo no sé ni que voy a comer dentro de un rato, así que como para saber qué puedo hacer por Cristo, y saben a mí eso me creó inquietud.

Sin embargo, hoy sé que la única forma con la que puedo quedarme tranquilo al responder esta pregunta, es poniendo al Señor como fuente y sentido de todo lo que hago. Es verdad que muchas veces curioso he escudriñado caminos alejados de Él, pero ciertamente es tarea de cada día reubicarme en el camino del amor de Dios. ¿Qué hace una madre por su hijo? Todo, pues cuando te encuentres de nuevo con estas preguntas de Ignacio, responde con determinación Todo, Señor.


 

[1] Buscar y hallar lo que Dios quiere en tu vida

[2] ¿A quién te apuntas para seguir adelante en tu vida? ¿A Dio o al Mal? ¿Al Padre nuestro o al Maligno?

[3] Contemplativos en la acción

Leonardo Molina.