Arrepentimiento sincero

El monje Chu Lai  era agredido por un profesor, que no creía  nada de lo que él decía. Sin embargo la mujer del profesor era seguidora de Chu Lai y exigió a su marido que fuera a pedir disculpas al sabio.

De mala manera, pero sin valor para contrariar a su mujer, el hombre fue a pedir disculpas al templo y murmuró algunas palabras de arrepentimiento.

“Yo no te perdono – dijo Chu Lai – Vuelve a tu trabajo”.

La mujer quedó horrorizada:

“¡Mi marido se humilló y usted, que se considera sabio, no ha sido generoso!”.

Respondió Chu Lai:

“Dentro de mi alma no existe ningún rencor. Pero si él no está arrepentido, es mejor reconocer que me tiene rabia. Si yo hubiera aceptado su petición de perdón, habríamos creado una falsa situación de armonía, y esto aumentaría más la rabia de su marido”.

Tradición china recogida por Paul Coelho.

Comentario:

Verdaderamente nos encontramos en muchas ocasiones con la misma situación: tu hijo mil veces te pide oportunidades, o se compromete con firmes promesas o sinceramente, te suplica perdón: lo mismo puede ser tu alumno, tu compañero de trabajo, tu amigo, tu vecino…o incluso las veces que tú mismo le pides a Dios perdón y te confiesas…aceptando tu misma insinceridad…

¡Hay que recuperar con autenticidad el corazón del ofensor! Por supuesto, que Dios está siempre dispuesto a perdonar. Pero tienes que poner tu parte. Tu perdonas, tu corazón está libre…pero ¿y el del ofensor? En caso contrario, estamos alimentando una mala costumbre y no llegamos a sanear su alma pensando que, perdonando sin más, somos muy “generosos” o que imitamos al mismo Dios misericordioso y siempre “bueno”. Pero no es así.

El hijo pródigo de la parábola iba sinceramente arrepentido y se había recuperado. Recuerda que Jesús no pudo hacer algunos milagros “porque les faltaba fe” (Mat 13, 58 y Mac 6,5) …y en este caso no se produce el perfecto perdón, porque ni tu corazón ni tus hechos están dispuestos a ser saneados…

Leonardo Molina García S.J.