Toda la naturaleza es un anhelo de servir.

Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco. Donde hay un árbol que plantar, plántalo tú; donde hay un error que enmendar, enmiéndalo tú; donde hay un esfuerzo que todos esquivan, acéptalo tú.

Sé el que aparta la piedra del camino, el odio de los corazones y las dificultades del problema.

Hay una alegría de ser sano y la de ser justo; pero hay la hermosa, la inmensa alegría de servir.

Qué triste sería el mundo si todo en él estuviera hecho, si no hubiera en él un rosal que plantar; una empresa que emprender.

No caigas en el error de creer que solo se hacen méritos con los grandes trabajos; hay pequeños servicios: regar un jardín, ordenar unos libros, peinar a una niña. El servir no es solo tarea de seres inferiores.

Dios, que da el fruto y la luz, sirve. Pudiera llamársele así: El que sirve. Y tiene sus ojos en nuestras manos y nos pregunta cada día: ¿Serviste hoy? ¿A quién? ¿Al árbol, a tu amigo, a tu madre?

Cuando en este domingo, al leer el evangelio, nos indicaba un pasaje en el que Juan Bautista señala a los discípulos Juan y Andrés a ver a Jesús: Ese es el cordero de Dios, me quedo pensando, pensando: cordero, cordero ,cordero…

¿Qué quiere decir en hebreo? Sí, cordero que se deja matar, que su sangre-muerte sirve para dar vida y nos recuerda la vida que daban los corderos sacrificados a Dios para que les dieran beneficios, la muerte del cordero pascual, la carga de los pecados del pueblo antes de ser echado al desierto. Siempre es un ser sacrificado para que otros crezcan y tengan vida espiritual y material.

También omite las palabras león, tigre, búfalo. No; simple cordero ni violento, ni avasallador ni acaparador para sí: simple cordero. Eso sí, de Dios. Ahí está la clave, el misterio y su fuerza. El cordero degollado en la cruz…

También significa en hebreo servidor, siervo. Ese es Jesús: siervo de Dios, que quita los pecados del mundo…Ya confirmó Jesús las palabras de Juan Bautista, cuando regañando (y enseñando) a sus discípulos, les indicaba que él no había venido para ser servido, sino a servir y dar su vida para liberar a muchos (Mateo 20, 28).

Por eso, este texto de Gabriela Mistral, puede situarnos, preciosamente, ante el misterio de Jesús, del que tanto recibimos y del que tanto aprendemos…Poner todas nuestras cualidades al servicio de los demás. Desde cualquier situación.

Leonardo Molina S.J.