¡Convertíos y creed en el Evangelio!

¡Convertíos y creed en el Evangelio!

En el evangelio, Jesús describe su relación con los apóstoles mediante la parábola de la vid (Jn 15, 1-8). Él representa la vid y nosotros los sarmientos: Los que llevan frutos son purificados por el viñador, los que no los dan son podados… Pero lo esencial de esta metáfora es la necesidad de volverse a Jesús no la preocupación por “la poda”.

Jesús también afirma la necesidad de que las uvas crezcan, pero ve cómo los sarmientos se atormentan por avanzar en una dirección equivocada. El sentido de la parábola consiste en decir a los sarmientos: «¡Convertíos! ¡Creed en el Evangelio! Tenéis que dar un giro de ciento ochenta grados. En lugar de concentraros en las uvas, comunicaos con la vid. Así la fuerza de ésta correrá a través de vosotros y podréis dar buenos frutos. Es decisivo saber si nuestro obrar está dirigido a Dios y el prójimo o hacia nosotros mismos. Muchas veces olvidamos centrarnos en Dios debido a las preocupaciones cotidianas. Si estamos absortos en lo “propio” anulamos la comunicación con la vid y no dejamos que el Espíritu nos guíe. ¡Volveos atrás, comunicaos con la vid! Manteneos unidos a ella con todos los sentidos y todas las fuerzas. Ella se ocupará de que deis buenos frutos.

Nos equivocamos al pensar que las uvas crecen por la eficacia del sarmiento. Es la fuerza de la vid la que actúa por medio de vosotros. Detrás del afán de rendimiento, de nuestros desvelos y temores, de nuestras cavilaciones en torno a nosotros mismos y nuestras presiones internas por lograrlo todo, se esconde una actitud esencialmente errada. Creemos que nosotros debemos dar origen a todo. Pero es Dios quien da origen a todo. Los lirios del campo no sufren desvelos y Dios los viste esplendorosamente. Nuestro único desvelo debería consistir en sabernos unidos y amados por Él.

No tenemos que ser perfectos, sino comunicarnos con “lo perfecto”. A través de esta comunicación, Dios puede actuar en nosotros. Él nos transformará si fijamos en él nuestra atención y nuestro corazón.

Javier Fdez-Palacios

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