EL GRUPO DE MEDITACIÓN ABRE SU VENTANA:

EL GRUPO DE MEDITACIÓN ABRE SU VENTANA:

Extracto de “Dearest Friends”, Carta de Laurence Freeman OSB, Newsletter de Meditación Cristiana, Vol. 31, No.3, Octubre 2007, pág. 5-6 

La poderosa atracción que sentimos hacia la meditación para llegar a niveles más profundos del ser y de la oración va evolucionando. Comenzamos a meditar con el planteamiento de “qué puede hacer la meditación por mí”. Estamos deseosos de crecimiento espiritual y tenemos la esperanza de obtener grandes frutos del espíritu. Incluso, en ocasiones, podemos tener breves momentos de éxtasis. Sin embargo, el planteamiento se va transformando hacia que “qué puede hacer la meditación en mí para ayudar a los demás”. Eros, el dios del amor, se expande en nosotros en un sentimiento de fraternidad.

En el grupo de meditación crece una amistad espiritual. Cuando llevamos un tiempo meditando juntos, descubrimos que no es que estemos “enamorados” de otros meditadores sino que junto a ellos nos sentimos enamorados. No meditamos juntos porque seamos amigos sino que llegamos a ser amigos porque meditamos juntos… aunque no nos veamos unos a otros durante un tiempo.

Los amigos, como los maestros, van desapareciendo en la neblina del tiempo. Pero hemos aprendido que el conocimiento no es sólo lo que podemos ver. Como dijo el gran teólogo Bernard Lonergan, comenzamos una nueva fase de enamoramiento y tiene lugar un “cambio hacia el interior”. La amistad nos enseña a vivir con desapego y aceptar la pérdida. Sin ellos, nuestras relaciones acabarían siendo rígidas posesiones carentes de significado.

Al descubrir el nivel espiritual de la amistad se despierta en nosotros el sentido de que en cada persona que encontramos hay algo de nosotros mismos y que ella misma está buscando algo dentro de nosotros. La amistad comienza entonces a expandirse desde la seguridad que nos aporta nuestro pequeño grupo de amigos que nos protege de extraños hasta llegar a sentir que cada desconocido es un vecino y cada vecino un hermano o hermana.

La experiencia fundamental del cristiano es la transformación de toda la visión de la realidad a través de la experiencia “del amor de Dios inundando nuestro corazón, a través del Espíritu Santo”, de manera que el vacío se convierte en plenitud.

Una comunidad de amor no desaparece cuando su tamaño aumenta o se reduce. No se aferra a los miembros que la forman ni se defiende de extraños o discrimina su acceso a determinadas personas. No deja de explorar la experiencia del amor con el que comenzó y que le llevará hasta una cima en la que podrá observar y sentir el amor sin límites.

Ignacio Cubiles.

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