EL GRUPO DE MEDITACIÓN ABRE SU VENTANA:

John Main, al prevenirnos contra el único obstáculo que nos podría impedir abrirnos en la meditación a la empatía con Dios, nos aclara el significado de la mal entendida muchas veces “renuncia a sí mismo”. También nos habla de la ayuda que nos supone en ese proceso el apoyo de una comunidad de meditadores:

Lo único que puede impedirla es lo que podríamos describir como la autoconciencia, la hiperautoconciencia del egoísmo. No creo que sea exagerado afirmar que el pecado original es la autoconciencia, porque da origen a la conciencia dividida. Es como tener un espejo entre nosotros y Dios. Cada vez que miramos al espejo nos vemos a nosotros mismos. El objetivo de la meditación es romper ese espejo* para que dejemos de ver solo el reflejo de las cosas y, por tanto, para no verlo todo al revés, incluido a nosotros mismos. La esencia de la meditación es tomar el reino de los cielos. Pero para ello debemos romper el espejo. Y cuando Jesús nos dice que nadie puede seguirle si no se niega a sí mismo, nos está hablando en realidad de doblegar la autoconciencia y la imagen en el espejo.

No hace falta saber mucho de la vida para advertir que esta autoconciencia nos engaña haciéndonos creer que el universo gira a nuestro alrededor, o para concluir que esta autoconciencia es un estado deplorable. Y seguramente este es el motivo que a muchos nos lleva a la meditación. No queremos vernos en ese espejo y verlo todo al revés hasta el final de nuestros días. Queremos ver a través de él, más allá de él y más allá de nosotros mismos. Queremos mirar con valentía hacia el infinito misterio de Dios. Pero cuando empezamos a sentir que nuestra conciencia pierde pie y que entramos en el profundo silencio de la meditación, podemos alborotarnos y sentir pánico. En ese momento es cuando necesitamos el apoyo de una comunidad de meditadores. Y de ahí que nuestros encuentros periódicos sean tan necesarios.

(*) Podemos romper ese espejo a martillazos, nos dirá después. El martillo es nuestro mantra).

John Main, “El camino de la meditación”.

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