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ENCUENTROS DE JESÚS CON LAS MUJERES IV.

CON LA ADÚLTERA

«Mujer, ¿dónde están tus acusadores?» (Jn 8,10)

Es un encuentro con una mujer adúltera, provocado por los escribas y fariseos, que la traen a Jesús para comprometerlo. La ley de Moisés era muy dura, el adulterio estaba castigado con la muerte. Y le preguntan a Jesús si hay que aplicar la Ley. Esta perícopa (pasaje) solo aparece en el evangelio de san Juan.    

Como en la mayoría de los casos de estos encuentros, no sabemos nada de esta mujer. Ni de su vida, ni de sus circunstancias personales. Tan solo que, a los ojos de la Ley, ha pecado gravemente.

Jesús se resiste a contestar. Ante la insistencia de escribas y fariseos, se pronuncia: «el que esté sin pecado, que le tire la primera piedra». Esta afirmación va a incidir posteriormente en la teología, en un debate que, a lo largo de siglos, en la Iglesia latina, ha provocado disensiones y rupturas, discutiéndose conceptos como la Gracia y la Ley,  el Pecado y la Justificación, la Salvación, etc.     

Martín Gelabert, OP, afirma (Jesucristo, revelación del misterio del hombre) que cada ser humano, cada uno, es el alter ego de Dios y, por tanto, un atentado contra el hombre es un atentado contra la dignidad de Dios, e invoca las palabras de Juan Pablo II en Christifideles Laici (nº 38): «la inviolabilidad de la persona es reflejo de la absoluta inviolabilidad del mismo Dios».   

Curiosamente, esas dos palabras de dignidad e inviolabilidad se recogen en la nueva redacción del artículo 2267 del Catecismo promovida por el Papa Francisco: la Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que «la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona».  

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