LA ESCUELA DE SILENCIO ABRE SU VENTANA:

Seguimos profundizando en la disposición al sufrimiento

En la quietud, nuestro subconsciente ejerce presión para ser admitido nuevamente a la conciencia, es decir, para ser redimido. Si nos falta la disposición activa para el sufrimiento, ni siquiera nos damos cuenta de que volvemos a desplazar lo irredento hacia el subconsciente. Habiendo, en cambio, una disposición activa, nuestras meditaciones podrán ser a menudo más dolorosas pero serán más beneficiosas. Salvo es aquello que ha sido padecido en amor. Así aprendemos a dar entrada al dolor en nuestro interior. Notamos que algo duele y lo toleramos: “Que duela, pues”. Puede comenzar el proceso de redención.

Ocurre igual que con una herida y su cicatrización. La herida produce dolor. La vendamos y volvemos a nuestra tarea. Todavía duele pero ya no nos ocupamos activamente de ella. Sabemos que hay dolor y que necesariamente seguirá atormentándonos, pero ya hemos vuelto a nuestras actividades y así seguimos tolerando el dolor que aún proviene de la herida. Poco a poco ésta sana y se transforma en cicatriz. Es posible que subsista durante largo tiempo como signo visible de una herida pasada, pero ya no duele. Lo mismo sucede con la redención. Cuando algo emerge de nuestro subconsciente, dejamos que venga a nosotros. Esto nos hace sufrir. Si podemos contemplarlo, volvemos al presente y, aunque la herida siga escociendo, ya no nos ocupamos de ella. Sanará gracias a la fuerza de nuestra naturaleza. Lentamente se irá redimiendo. La herida se hace cicatriz. Está allí pero ya no dolerá.

Pregunta para la reflexión

  1. ¿Cómo es tu disposición ante el sufrimiento?

  2. Ante las agresiones constantes que comporta la vida, ¿tiendes a la venganza, al rencor o a la reconciliación?

Carolina.

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