LA ESCUELA DE SILENCIO ABRE SU VENTANA:

LA TRIPLE RELACIÓN: ESTUVE ENFERMO Y ME VISITASTEIS

En el evangelio, Jesucristo habla del paralelismo de la relación Dios-Hombre (Mt 25,3-44). El que visita a un enfermo, visita a Jesucristo. El que da comida a un hambriento, se la da a Jesucristo. El que acoge a una persona sin hogar, aloja al propio Dios. El que visite a un preso, se encuentra con Jesucristo. Las relaciones que tenemos con las personas se identifican con las que tenemos con Él. Todo lo que vivimos en las relaciones humanas, las vivimos al mismo tiempo con Dios.

De este modo, si queremos saber cómo es nuestra relación con Jesucristo, basta ver cómo son nuestras relaciones humanas.

La relación con Dios está muchas veces sometida a grandes ilusiones, y ello porque pensamos que nuestra relación con Dios depende solamente de nuestra intención. Así las cosas, si queremos amar a Dios, creemos que lo amamos realmente. Esto sucede también, en un principio, en las relaciones con los hombres. Si, por poner un ejemplo, perdimos la paciencia con alguien, creemos que eso pasó por casualidad. Y hasta es fácil convencernos de que esto no sucederá de nuevo. Pero, contra nuestra voluntad, vuelve a pasar una segunda y una tercera vez. A este factor lo denominamos subconsciente o inconsciente. Ante la evidencia de la realidad, aceptamos que el subconsciente perjudica nuestra relación con los seres humanos. Lo mismo sucede frente a Dios, y ello aunque no nos guste creer que nuestro subconsciente juega un papel en relación con Él. Nos hacemos la ilusión de que solamente nuestra libre intención determina nuestra relación con Él. Nuestra intención de amar a Dios nos hace creer que lo amamos realmente. Pero lo cierto es que el subconsciente determina tanto nuestra relación con Dios como con los demás.

La única forma para saber con seguridad cómo es nuestra relación con Dios es revisar todas nuestras relaciones humanas. Lo que existe en estas relaciones, también existe en nuestra relación con Dios.

PREGUNTA PARA LA REFLEXIÓN:

¿Qué puedo deducir de mi relación con Dios a partir de mis relaciones con mis semejantes?

Carolina.

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