LOS SACERDOTES ABREN SU VENTANA:

Y YO, ¿CÓMO PUEDO RESUCITAR?

Después de las grandes celebraciones de la resurrección y la explosión de alegría en la Iglesia y con todos los movimientos de esperanza que suscita y proclama, voy a confesar que me siento abochornado.

Sí, participo en esa alegría, pero me veo un poco desconcertado

Me explico: y yo, ¿cómo sentir a fondo la RESURRECCIÓN?

Porque yo me uno al gran grupo de alabanzas, alegría y a las oraciones festivas. Es más, hasta el cansino y “arrastrao” aleluya del año litúrgico se ve empujado con algo de mayor entusiasmo. Sí, pero….

Sigo sintiéndome triste, apesadumbrado, mejor diría, atribulado ¿O acomplejado? Peor aún, mal cristiano, pecador. Reprochaba Nietzsche a los cristianos , “que no estamos suficientemente alegres, ni tenemos esperanza a pesar de proclamar a voces que creemos en Cristo vivo…”

Y yo, ¡qué poco hago!, parece como que no me comprometo, no soy más activo, no me ha transformado… siguen intactos mis problemas, mi esperanzas, mis creatividades, mis alegrías… Y tantas cosas como se podrían hacer, arreglar, en un mundo tan conflictivo, tan por construir el reino que Jesús proclamó como programa salvador. Hay mucho que trabajar por la paz, el amor, la justicia, la libertad, la verdad en la tierra… Y Él nos invita a esa tarea.

A veces prefiero quedarme embobado, inerte, desconfiado, parado. ¿Y yo, qué puedo hacer? “Es imposible, no hay nada que hacer, es muy difícil, utópico.  Ya sé que debo potenciar la palabra, la eucaristía, la participación en comunidad…” Sí, pero…

Tengo miedo, echo escusas: no tengo edad, no tengo cualidades… dame poder y yo transformaré el mundo; pero no lo tengo. Merezco el reproche que Jesús me sigue reprochando por boca del ángel a los apóstoles cuando vieron embobados que subía al cielo: “Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, vendrá de la misma manera y volverá” (Hechos 1,11) Id y proclamad el evangelio a toda la creación… (Marcos 16, 15-18)

“Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado”. Pero aquel que tiene un «porqué» para vivir se puede enfrentar a todos los «cómos». “Para llegar a ser sabio es preciso experimentar ciertas vivencias, a menudo peligrosas”. ¡Es Jesús quien envía! Tenemos la fuerza del espíritu.

Y por delante, un reino sencillo, humilde, que cuenta con gestos sencillos, pero que dará a lo largo del tiempo frutos abundantes. Lee el capítulo 4º de san Marcos y verás que es más sencillo. Puede que el Señor te llame a cosas más altas, pero comprobarás que es más factible y al alcance de tu vida.

Cada vez que haces gestos de paz, de amor, de justicia, ética-integridad, libertad y verdad, estás trabajando eficazmente en el reino. No hace nada más que quedar atrapado por la fe en Dios. Trabajar con esperanza y confianza en Dios, ESO ES RESURRECCIÓN. Y que conste; eso es un regalo (gracia) del Señor… Pídela y anímate a actuar.

Leonardo Molina S.J.

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