Reflexión diaria del evangelio para hacer Oración.

Martes 5ª Semana Cuaresma.

Lectura del santo evangelio según san Juan (8,21-30) En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros». Y los judíos comentaban: «¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: «Donde yo voy no podéis venir vosotros»?». Y él les dijo: «Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados: pues, si no creéis que Yo soy, moriréis en vuestros pecados». Ellos le decían: «¿Quién eres tú?». Jesús les contestó: «Lo que os estoy diciendo desde el principio. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me ha enviado es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él». Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. Y entonces dijo Jesús: «Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que «Yo soy», y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada». Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.

*Reflexión

«Muchos creyeron en Él». Qué fuerza la Palabra de Jesús, que cambia la vida de muchas personas y sigue cambiándola dos mil años después de su presencia entre nosotros. También la de muchos que andan en búsqueda de una vida mejor. Con sus palabras y con sus obras, Jesús va revelando su identidad más profunda. Poco a poco, va diciendo que Él es el Hijo de Dios.

Pero el pueblo hebreo se muestra poco dispuesto a cambiar. Le pasa a Jesús lo que le pasaba a Moisés en la primera lectura. A pesar de todo lo que ha hecho Dios por su pueblo, siempre hay descontentos, que arrastran a muchos detrás de ellos. Y se produjo el castigo divino, con las serpientes.

Moisés tiene que salir en defensa del pueblo, para evitar su extinción. Y levantar una serpiente de bronce, para que no murieran muchos en el camino. El nuevo Moisés, Jesús, también será levantado. Y, desde lo alto de la cruz, con su sufrimiento y su muerte, nos da la salvación.

Contemplemos la cruz en este tiempo de confinamiento, sufrimiento, dolor y muerte por esta pandemia del coronavirus. Mirándola, adorándola, podemos recordar que sus heridas nos han curado. Y que hasta ese punto amó Dios al mundo, hasta entregarnos a su Hijo. Cuando la cruz se levante hacia el cielo, Dios salvará a los que no aparten de ella la vista. Contempla la cruz, cuando te sientas cansado, abatido desesperado. Cristo te mira desde lo alto, para mostrarte el camino.

Haz tuyas las palabras del salmo de hoy: «Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti; no me escondas tu rostro el día de la desgracia. Inclina tu oído hacia mí; cuando te invoco, escúchame enseguida«. Pide en este momento de oración al Señor que nos ayude a llevar alivio y consuelo a tantas familias que están sufriendo por esta dramática situación.

Pedro Paz.

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