Silenciamiento

  1. SILENCIAMIENTO

La pausa entre dos notas,
el espacio en blanco entre dos palabras,
la página virgen entre dos capítulos,
la noche tras la actividad del día,
los árboles despojados en invierno
tras la lluvia de flores en primavera,
la abundancia de frutos en verano
y la caída de las hojas en otoño
que dejan en el suelo una alfombra
de colores calmos…

todo ello habla del silencio necesario,
de la quietud indispensable inscrita en el ritmo de las cosas.

Se requiere este acallamiento para no quedar inundados de ruidos, formas, movimientos y significados que nos desgastan con su agitación febril.

Así detenidos,
se gesta
lo Otro,
allá
en lo hondo.

Insondable lejanía
albergada en la proximidad de nuestro aquí,
ese Allí-Aquí
inasible para el pensamiento
porque cuando lo pensamos
se desvanece.

Únicamente emerge
cuando la mente,
vencida,
cede.

El silencio es el vacío que posibilita lo pleno.
Todo lo lleno anhela el vacío
para no quedar saturado de sí mismo.
El silencio de los sentidos, los deseos, de la mente.
El silencio que nos devuelve el estado prístino de ser,
de simplemente ser en el Ser.

Quietos, callados y acallados,
solo siendo y sintiendo la respiración
llenando
y
vaciando
nuestro
anhelo.

Abriéndonos mansamente,
nos dispone a recibirnos en la inmensidad anegada
de Presencia.

Presentes en la Presencia,
nuestra conciencia le da eco.

Con el silencio llega la experiencia y la certeza de que
todo está habitado.

Silencio,
sonido de Alteridad
tornada mismidad.

Silencio de Presencia
sin contenidos
porque todo lo contiene.

Silencio
exento de deseos
porque todo ha sido dado
y no es posible desear ni recibir más.

No hay nada que esperar porque hemos regresado
y todo ha regresado.

Silencio que habita en la calidez del Ser.
Quién se sumerge en él es hospedado en su abrazo.
Permanecer,
Así,
quietos
y
acallados,

simplemente
siendo
en El-que-Es.

Las heridas más antiguas
causadas por lo que faltó cuando era necesario
dejando brechas de ansiedad
se sanan en este sumergirse.

La presencia calma el clamor de la Ausencia.
Estaba ahí pero no había capacidad para captarla.

El ahora que aguardaba
se abre
como un fruto maduro.

Quietos,
grávidos
de
Ser,

Reposamos
brotando
del ser
al Ser.

. . .

– Texto: Javier Melloni
– Pintura: Marianela Patricia Morales Cardozo