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El Silencio del Amor

El lenguaje es muy débil para explicar la plenitud del misterio. En el silencio de la contemplación no intentamos pensar en Dios, ni hablar con Él, ni imaginarle. Permanecemos en su misericordiosa Presencia. El término «Silencio», sin embargo, falsea la experiencia puesto que puede sugerir la experiencia negativa de la privación del sonido o del lenguaje. Pero el silencio de la oración no es el estado pre-lingüístico sino post-lingüístico, en el que el lenguaje ha completado su función de dirigirnos y no le queda más que decir. Es el silencio del amor, de la aceptación incondicional y sin reservas. Sabemos que somos amados y por eso amamos. La oración se ocupa de completar este ciclo de amor. Con nuestra apertura al Espíritu que habita en nuestros corazones, y que en silencio ama a todos, comenzamos el camino de la fe. Siempre hay un nuevo comienzo para la eterna danza del enamoramiento.

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