15 de Agosto. Festividad de la Asunción de la Virgen María.

En el evangelio de este domingo (Lc 1, 39-56), escuchamos el Magníficat, esta gran poesía que brotó de los labios, o mejor, del corazón de María, inspirada por el Espíritu Santo. En este canto maravilloso se refleja toda el alma, toda la personalidad de María. Podemos decir que este canto es un retrato, un verdadero icono de María, en el que podemos verla tal cual es. (Benedicto XVI) 

Proclama mi alma la grandeza del Señor, 

«se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; 

porque ha mirado la humildad de su esclava». 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: «su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación». 

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, «derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. 

Auxilia a Israel, su siervo, 

acordándose de la misericordia» 

–como lo había prometido a «nuestros padres»– en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.  

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