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ENCUENTROS DE JESÚS CON LAS MUJERES VII

CON LA SAMARITANA

«El agua que yo le dé se convertirá en fuente de agua que brota para la vida eterna» (Jn4,14)

Dice el evangelio de san Juan que Jesús, con los discípulos, en un viaje de vuelta a Galilea, tiene que pasar por Samaría. Cansado, y mientras sus seguidores  van al pueblo a buscar comida, se sienta junto al pozo de Jacob.

Allí tiene lugar el encuentro con una mujer, samaritana, vecina de Sicar, que va en busca de agua. Es un encuentro extraño por varias razones. Un judío no podía hablar con un samaritano, y menos a una mujer; eran muchas las diferencias históricas,sociales y teológicas entre unos y otros, llegándose a designar a Jeroboam, primer rey del reino del Norte (Israel), como “el que pecó e hizo pecar a Israel” (1Re 14,16).

Jesús le pide de beber a la mujer. Y, a partir de ahí, tiene lugar un diálogo largo, densoy asombroso con ella, completado con las aclaraciones posteriores que hace a los discípulos. Nosotros rezamos (y cantamos) algunas oraciones que salen de esasenseñanzas: el agua viva, la adoración a Dios en espíritu y en verdad, qué hacen el sembrador y el segador…

Carlos González Vallés, en uno de sus libros (Por la fe a la justicia, cap. 12), contrapone la postura de los vecinos de la mujer con la de los gerasenos que recogen los tres sinópticos, los cuales, por miedo, piden al Señor que se marche después de la curación del endemoniado. En cambio, Jesús se quedó invitado con los samaritanos dos días.

Nosotros tenemos el agua viva siempre. Se trata de saber aprovecharla.

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